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LA VIDA DOMÉSTICA

Los objetos cotidianos dedicados al aseo e indumentaria personal, las joyas, los juegos de mesa, así como elementos musicales y artesanales como anzuelos y pesas de telar, nos permiten recomponer fragmentariamente la vida privada de los ciudadanos.



La importación de vajillas finas de mesa se inicia durante los siglos V y IV a.C. En este momento se produce una llegada importante de material de procedencia helénica, como son las cerámicas áticas. Las producciones de barniz negro, procedentes de la Campania, en el sur de Italia, llegan masivamente a Sagunto a partir del siglo III a.C. Pero va a ser la implantación de la terra sigillata en el mercado del Imperio, relacionada con el auge del tráfico marítimo, la que permita disponer de los servicios de mesa procedentes de alfares itálicos, gálicos e hispánicos.

La cerámica común está presente en contenedores de líquidos que forman parte de las cocinas, así como en lucernas para iluminar las viviendas.

LA VIDA MÁGICA

En la montaña del Castillo se hallaron cuatro maldiciones, llamadas en latín defixiones. Se trata de placas de plomo que las personas entregaban a los dioses infernales mediante un acto mágico para vengarse o librarse de sus enemigos, para obligarles a hacer algo o para obtener algo de alguien (dinero, amor, favores, defensa). Una de ellas es contra los ladrones. Otra, de carácter amatorio, tiene forma de pie izquierdo y apareció doblada en seis pliegues y con una moneda con la inscripción Iudea Capta, datada en el siglo I. Otra de ellas, con forma de animal, cita a Iau, Jahvé, y permite pensar en la presencia temprana de judíos en la Península Ibérica, ya que puede datarse a finales del siglo I.